Hojas de Otoño. Poemario de Froylán Turcios [Análisis]


Descripción
Hojas de Otoño (1904). En este poemario, sigue el patrón conceptual y formal de los libros precedentes. También, la distribución numérica y los logros literarios son similares: cuantitativa y cualitativamente considerados, los trabajos versificados están por debajo de los textos en prosa. Además, estos últimos -con relación a los que encontramos en dichos libros- alcanzan mayor depuración estilística.

Turcios de nuevo entrega composiciones narrativas, doctrinarias (reflexiones de índole estética), de crítica literaria y prosas poéticas. Entre estas: "Fantasías del crepúsculo" (agrupa tres textos independientes, cada uno con su propio nombre: "La obsesión de los mármoles", "El viaje visionario" y "Esfinge"); "Fantasías nocturnas" (que comprende varios títulos); los "Cuadros" (composiciones inspiradas en obras pictóricas); "El fuego y el agua"; "Estíos lejanos"; "Ojos insondables", "Luciérnagas verdes", etc. En ellos, algunas veces, el autor trae a colación una anécdota mínima que le sirve de plataforma para desplegar la riqueza creativa del idioma. Así, en "Pétalos grises", al encontrar una flor marchita en un viejo libro de recuerdos, evoca la figura materna. En otros textos prescinde de acciones concretas y expresa directamente estados de ánimo o transmite captaciones subjetivas del entorno:

En las lejanías del ocaso tiende el crepúsculo sus sedas maravillosas. Bajo un velo diáfano, en una niebla argentada, empiezan á envolverse los objetos; y el cielo luminoso del estío palidece. Reina en las verdes frondas un silencio sagrado y un explendor (sic) indeciso dora las cumbres. En la llanura, entre los follajes, se ven grandes manchas de sombra. Fulgores amarillentos y fugitivos pasan sobre los árboles, rielando sobre las aguas límpidas del río. En el horizonte del oriente aparecen los primeros crespones de la noche, y en la alta bóveda las primeras estrellas, como blancos jazmines. Cruzan el espacio pájaros de tardo vuelo. Y del este obscuro y del oeste incendiado, del norte y del sur, de todas las lejanías, del seno de los bosques y de lo profundo de la tierra, de las leves brisas y de los vientos del cielo, surge un rumor confuso, múltiple e infinito. Voz de agonía que ante la noche negra se escapa del alma doliente de la tarde. (Texto completo de "El alma de la tarde", Turcios, 1904: 255)

Aguas muertas, aguas inmóviles de matices metálicos, circuidas de musgos de oro! En los fúlgidos días de otoño parecéis un vasto espejo en cuyo fondo duerme la sombra, y en las horas lunares una campiña de esmeraldas luminosas. De vuestro seno no se escapa el más tenue ruido, porque yacéis muertas, cristalizadas sobre las arenas profundas. Tal así, á veces, las ideas, en el cerebro del hombre.
Mudas y glaciales, en los hondos silencios nocturnos sois un símbolo misterioso y sereno. Reflejáis las sombras errantes de los pájaros y de las nubes, en vuestra superficie dejan largamente los crepúsculos trémulas estelas sangrientas, y rielan los espectrales plenilunios; y la luna, mágica princesa, va extrañamente á mirarse en vuestra lámina impasible.
(Fragmento de "Aguas muertas", Ib: 253)

En las diecinueve composiciones versificadas, el escritor reincide en su gran obsesión: los tópicos de la muerte y del amor. "Plenilunio", "La voz de las campanas", "En un claro de luna". "Virgen del cielo", "La luna", "Duerme!" "Canción remota", "Ultimo ritmo"... hacen hincapié en la nota mortuoria. "Para Annabel Lee" comprende cuatro sonetos en los que predomina la expresión del amor. Otros sonetos son: "A León XIII", "Madre Melancolía" -de similar título al de Juan Ramón Molina"- y "Salomé". Este, de ejemplar eufonía, desencadena imágenes de gran sensualismo de clara estirpe modernista:

Baila sobre el marmóreo pavimento
y su forma impecable y peregrina
en una leve ondulación felina
puebla de aromas el dormido viento.

Florece de pasión su movimiento,
sonríe de placer su faz divina,
y su trágico espíritu ilumina
el fulgor de un relámpago sangriento.

Entorna las pupilas soñadoras,
su cabellera fúlgida desata;
y en la gloria inmortal de su belleza

vé al terminar sus danzas tentadoras
en una fuente de bruñida plata
del Bautista la cárdena cabeza.
(Ib: 313)

En "Sin esperanza" y "Sombras lejanas", Turcios ofrece una muestra de su habilidad expresiva. Los versos de la primera estrofa, en forma consecutiva, constituyen el remate de las subsiguientes.

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